El periplo del campeón

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Por Manuel Estévez

@sonoadicto

Cae la tarde parisina. Los rojizos rayos del sol se posan sobre el pelotón. El espectáculo es sublime. Hay tantos puntos hacia donde mirar que es difícil enfocar la vista. El atardecer, la luz, el público o el líder vestido de amarillo, dura elección para los fotógrafos.

Champaña, risas, camaradería, fotos, todo eso enmarca la etapa final del Tour de Francia. La catedral del ciclismo mundial, el Wimbledon de los pedales.

Egan Bernal, un genio de la bicicleta. Fuerte combativo, receptivo. Un escalador potente con físico para atacar de lejos y sorprender en la contrareloj, un ciclista moderno. Un corredor que por origen y figura recuerda mucho a Lucho Herrera. Cundinamarqués, 1,70 de estatura y escalador nato. La carretera y el accidente de Froome, en días previos al Tour, lo pusieron en su lugar como líder del equipo más poderoso y organizado del mundo.

Todo es fiesta en este mediodía en Zipaquirá. Gente vestida de amarillo, comercio informal de afiches, ruanas y las dos principales plazas colmadas de personas que celebran frente a pantallas gigantes con la transmisión del evento. Júbilo cuando el campeón cruza la meta, confeti al aire. Alguna lágrima cuando se presenta el podio y el himno nacional por fin suena en los Campos Elíseos.

El evento cierra con el concierto de la banda local Apolo 7 y un ciclopaseo de bicicletas antiguas. Luego todo vuelve a la normalidad. Esta bonita localidad situada a una hora de Bogotá, es turística y famosa por su catedral subterránea.

Rigo lo dijo muy bien ayer. Detrás de un ciclista hay un montón de gente. Los padres, los entrenadores, la afición. El triunfo pertenece moralmente a un país que rompe el mito de esta prestigiosa carrera y a tres generaciones de ciclistas que corrieron el Tour y siendo minoría lograron destacar. Pero el que lo pedalea es Egan.

Ahora inicia un periplo peligroso. El del campeón en el ojo público. Ya lo vivió Nairo. Manoseado por mucha gente. Lo elevaron al nivel de un mesías con apodos rimbombantes y expectativas que no corresponden al desarrollo de una carrera.

Al boyacence lo embelesaron con el Sueño amarillo y esto lo sesgó. Pudo ganar el Tour en el 2015 pero las decisiones técnicas no fueron las correctas. No se aprovechó su mejor momento. El corredor colombiano más ganador de la historia cierra su ciclo en Movistar presionado y cuestionado.

Egan debe ver este ejemplo. No caer en ese caos. Mantener aplomo y madurez para hablar. Entender lo que es la humildad, que no corresponde a nacer en Zipaquirá o Nueva York. Alejarse de estos periodistas divas que venden humo con las posibilidades reales de los deportistas. No permitir que dibujen a un paupérrimo que llegó a la fama, se trata de un muchacho de clase media. Y sobre todo: aprovechar las oportunidades.

Piden que Egan gané cinco Tours, el Giro, la Vuelta, campeón mundial y no sé qué más. Hay que tener calma, no son motos, son seres humanos. Estamos ante una joven generación con un nivel altísimo. Van Aert, Evenpoel, Pogacar, Mas, entre otros, son corredores que sorprenden y no harán las cosas fáciles.

Jan Ulrich ganó el tour muy joven. Le auguraron muchas más victorias, apareció Armstrong y lo jodió. Así es el ciclismo. No caigamos en fanatismos, nacionalismos, disfrutemos los triunfos de muchachos de diferentes países y dejémonos llevar por la grandeza de este deporte.

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