Churchill, no todo es como parece

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

Churchill
foto tomada de Screen Rant

Muchos nos creemos expertos en Winston Churchill por sabernos el pedazo del discurso que aparece en la canción Aces High de Iron Maiden. La película Churchil es una profunda mirada a la personalidad íntima del líder británico. Nos presenta un punto de vista de la invasión a Normandía sin un sólo tiro, sólo un poco de barro en los pies, y aclara mucho del manejo político de este mandatario Inglés.

Este es un Churchil depresivo, anciano y gruñón representado de una forma lastimera por el actor escocés Brian Cox. Un viejito sin voz ni voto que debe dejar las decisiones de la guerra a los gringos y que se opone a la Operación Overlord debido a que la relacionaba con la inutil ocupación británica en Galípoli que costó años y casi medio millón de muertos durante la Primera Guerra Mundial al ejercito de Su Majestad.

El panorama es variado Churchil borracho, Churchil en calzoncillos, Churchil enojado, Churchil peleando con su esposa. Es una de las biografías donde más mal queda su protagonista de la historia ya que lo presentan como un hombre decadente y cansado que dirige a una nación en guerra. Eso sí rescata su papel como figura motivacional para el pueblo inglés, el cual nunca decayó debido en gran medida a sus potentes discursos y férrea personalidad pública.

Es una película correcta en todo lo técnico (música, fotografía), pero no descollante. Lo más destacado es el valor histórico de los datos presentados en esta narración que cuenta con la participación del historiador Alex Von Zuldenmann como guionista. Luego están la actuaciones de Brian Cox y Miranda Richardson que corresponden a la altura de sus nombres.

Muchas veces se comentan los errores históricos de una pelicula como algo terrible. En este caso seguramente la parte de investigación está plenamente probada pero la película no funciona por no ser clara en sus objetivos finales y no hila con gracia su propósito de mostrarlo como un hombre preponderante en la guerra y la historia. Esta versión humaniza tanto al estadista que acaba por destrozar la imagen de Churchil, por lo menos es muy honesta. Churchil nos traslada a tres largos días en la vida de un anciano a quien nadie escucha y que nunca genera simpatía en el espectador, en un semestre donde Dunkerque y Darkest Hour están para ensalsar su papel en la Segunda Guerra Mundial.

Sería simpático ver a Brian Cox y Gary Oldman disputando el premio Oscar por sus versiones de Churchill.

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