Treinta años de Hysteria

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

Si bien me he convertido en sigiloso enemigo de la nostalgia ficción y he soñado con escribir un artículo llamado A La mierda los noventas, me es imposible dejar pasar la poesía y vida que nos regaló hace 30 años el disco Hysteria de Def Leppard.

1987 fue un año especial, viví en Estados Unidos, conocí la vida rural de ese país, jugué domino en una posada del camino, vi mucho cine clásico y comprendí muchas cosas de la vida. Mi tío John, veterano de Vietnam y estricto hombre de hogar, me dijo que no servía para nada por que no supe sacarme un anzuelo de pesca que me clavé en el pulgar, ahí decidí buscar para qué era bueno. Entonces llegó el rock a mí vida.

Conocí a Van Halen, Joan Jett y otros. La música se hizo parte de mi cotidianidad y empecé a anotar las canciones que me gustaban, a coleccionar éxitos y a decidir cuál era mi banda favorita, había que tenerla. Para 1988 Def Leppard pegaba una y otra canción, cada sencillo era un hit y sonaba en la radio, no tanto como Despacito pero iba en camino.

Veía una y otra vez un concierto que había grabado de televisión (In The Round In Your Face). Def Leppard me enseñaba cómo moverme en escena, qué gestos debía hacer un artista y cómo coquetear con hermosas mujeres desde la tarima. De hecho, se hicieron famosos por la intensa vida sexual que tenían incluso durante los recesos de los conciertos. Cinco rubios del minero y tosco pueblo de Sheffield fueron los primeros sex symbols de la ciudad, luego les seguiría el torpe bailarín y pesado conversador Jarvis Crooker.

Hysteria es un disco de despertar sexual, de amor pasional, lleno de testosterona y al mismo tiempo de una elegancia increíble, un sonido fresco y una vigencia impresionante. Es muy diferente al resto de discos de bandas de hair metal que por esa época invadían las emisoras y mentes juveniles.

La Estética Leppard

Futurismo, luces, diseños geométricos, figuras inciertas, acompañaban la propuesta musical de los ingleses. No eran las elaboradas portadas de Iron Maiden que tomábamos con lupa para buscar detalles místicos, eran pequeñas obras de arte, de cierta manera minimalista que, como en el caso de Hysteria podían tener múltiples interpretaciones. Para mí era un ser mitad hombre mitad animal que entraba en un inminente estado de locura debido a todas las tribulaciones propias de la vida moderna.

No había carros lujosos, mujeres semidesnudas, ropa de cuero, seres mitológicos. Corresponderían, y quizá se rían, al concepto moderno indie de muchachos como ustedes y yo tocando en una banda rock. Era algo de la vida real que conectaba a todo mundo. Ahí pudo haber radicado algo de su éxito.

Recuerdo que Elkin Ramírez salía en el video de Rostros Ocultos con la misma chaqueta que usaba el vocalista Joe Elliot en el concierto que yo tenía grabado y eso me impactó. Tener referentes en común con un referente de la época era bonito.

El Sonido histérico

Era música totalmente medida. Apegada a los riff y más cercana al progresivo que a al hard rock de sol – re – do que se profesaba en el mundo. Aparentemente no eran músicos virtuosos pero hay que ver la manera de construir canciones a partir de la melodía y el maravilloso tandem de guitarristas formado por Steve Clark y Phill Collen. A la muerte de Clark fue reemplazado por el gran Vivian Campbell y recientemente he escuchado y había algo en el sonido del rubio que el virtuosísimo Campbell no ha podido adaptar, quizá esa nostalgia energética que posiblemente fue la que lo llevó a suicidarse tan joven y en el mejor momento de su carrera.

El terrible accidente del baterista Rick Allen hizo que perdiera su brazo pero su tenacidad permitió dotarlo de un sonido único en la batería. Además de exigirle un sistema de sonido con pads y otros elementos que hacían de la percusión una experiencia totalmente diferente en Def Leppard.

Es un banda donde todos cantan y no temen hacer voces principales y aportar por momentos vibrantes gritos y coros a las canciones. Uno los ve en vivo y se nota mucho que el director de la orquesta es Collen pero es una banda democrática donde se da libertad de aporte y es un plus muy grande.

El disco

Tardó tres años en estar listo. Entre el accidente y rehabilitación de Allen, las paperas de Elliot y los problemas para encontrar un productor, todo presagiaba un desastre. Finalmente Robert Lange (AC/DC, The Cars), quien ya había trabajado con ellos en Pyromania, produjo un disco diferente, muy tecnológico y cercano al pop, alejando a la banda un tanto del heavy metal.

Hoy en día se siente como un trabajo eterno que pudo haber sido grabado entre 1980 y 2010 posiblemente. Con un sonido definido, fuerte y a la vez nostálgico. Mi canción favorita debe ser la homónima, la más oída Love Bites, las más cuestionables hoy en día con todo lo políticamente correcto Pour Some Sugar On Me y Excitable, la más bonita y quizá representativa Animal, la buena y un poco desapercibida Armageddon It, la que nunca me cuajó Gods Of War.

Cuando volví de Estados Unidos estábamos en clase de inglés y la maestra preguntó que si alguien quería cantar una canción. Levanté la mano y pasé al frente. Canté Pour Some Sugar On Me y me di cuenta que a mis compañeros les había gustado. Mi tío no tenía razón, después de todo todos servimos para algo que puede ser no temer a hacer el oso, ser músico o escribir sobre algo que uno le conmueva.

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