Trainspotting o el hobby de observar y escoger trenes

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

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Foto cortesía Sony Pictures.

Trainspotting es un hobby inglés que consiste en sentarse en una estación de tren y tomar nota de los detalles de los trenes que parten y arriban, también hace referencia a las marcas dejadas por los pinchazos de heroína en los brazos.

A unas horas de asistir a la premier de Trainspotting 2 reflexioné sobre la primera parte, su momento, su ascenso como ícono pop y la forma en que hoy en día podría ser tomada.

Si bien los protagonistas tenían problemas con las drogas, pero eso no era lo que jodía su vida, era la manera en cómo vivían lo que les impedía ser ciudadanos al interior de una sociedad. Su adicción era presentada como algo medio fashion y al mismo tiempo era algo divertido para este grupo de nihilistas vagos escoceses, en medio de la tragedia que para ellos ya era su vida. Simplemente, como el café, el fútbol y la delincuencia, los narcóticos formaban parte de su vida.

No se puede desconocer la profundidad y belleza de la escena de la sobredosis de Renton, la más bonita de la historia del cine. El agregado de la película es que nunca buscó ser moralista como en Cristina F o Requiem por un sueño, es más el estilo amoral de The Wall, otra memorable pasada de sustancias en el cine.

Esta opera brit pop, era atractiva porque además tenía actores muy bien rankeados entre el público: Ewan McGregor, era el antihéroe reflexivo de varias historias, John Lee Miller era el galán inteligente y Robert Carlyle pintaba como un nuevo Robert de Niro.

Algo para destacar era la similitud de la película con el momento de la juventud en Bogotá. La heroína se puso brevemente en ese entonces de moda entre los jóvenes, la música electrónica reemplazaba al rock en los bares y estos parches de niños ricos mezclados con otros de clase media o baja, atraídos por las drogas, la búsqueda de respeto y el dinero fácil, eran muy comunes. Era casi presenciar algunos elementos de nuestra sociedad bellamente retratada por ese gran esteta que es Danny Boyle.

La música usada en la película es una de las más representativas jamás logradas. Una estudiada mezcla de pasado presente y futuro. Las bandas alternativas de moda y algunos de los que los habían influido. Permeó tanto nuestra sociedad que recuerdo como la música de Born Slippy de Underworld terminó siendo usada para un comercial de Pony Malta.

Trainspotting tuvo muchas escenas históricas como la del sanitario más sucio de Escocia, el sexo casual de Begbey, la cagada de Spud o el cruce por Abbey Road, entre muchas otras. Parece un disco, donde cada una de estas piezas logra ser casi una pieza que puede ser disfrutada de manera individual, como si se tratara de una canción. Todo en el marco de una película extremadamente simbólica que desglosaba la vida de este grupo de amigos en Edimburgo pero al mismo tiempo a la sociedad que los rodeaba.

El tiempo ha pasado. Danny Boyle ha reposado el estilo frenético de sus primeros trabajos, incluso ganando un Oscar y dirigiendo una ceremonia Olímpica, Ewan Mcgregor fue el maestro jedi Kenobi y Jesús, Robert Carlyle no se convirtió en Robert de Niro, John lee Miller fue salado tras su matrimonio con Angelina Jolie. Ewan Bremmer y Kelly McDonald, han tenido papeles interesantes, el primero en general con papeles el películas independientes y la segunda reconocida por trabajos como No Country for Oldman y Gosford Park.

Tienen el reto de sorprender en un momento en que ya nada sorprende. En la época en que internet nos muestra lo que se nos ocurra ver, legal o ilegal, correcto o incorrecto. Esta película abrió sendas para otro cine, incluso películas colombianas como Apocalipsur o Los Nadie tienen algo de su esencia. En 1996 era muy berraco verse en tv, más en cine, y la mass media de hoy nos permite intimar con nosotros mismos de manera muy accesible a todos.

Ese horrible eslogan de “La Naranja mecánica de los noventas” aplica aun menos ahora. Se le llamó así por tratarla de irreverente pero ahora menos puede serlo cuando Porno, su título original fue cambiado por el confuso T2, que nos podría hacer imaginar a Renton diciendo: “hasta la vista baby”.

En la vida real todos los involucrados también escogieron la vida. Tal cual como nosotros lo hicimos y tomamos caminos diferentes. Trainspotting 2 es una película de Boyle con una filiación muy profunda a los nacidos entre 1971 y 1985, una generación sufrida y quejetas que no pudo cambiar el mundo y hoy en día está a su merced.

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