DYLAN Y SU NOBEL, LA VICTORIA DE LOS OLVIDADOS

bob-dylan

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

Una vez Andrea Echeverri me contó que una de las razones de la separación de Aterciopelados, ella deseaba tener algo propio, poder tocar por sí misma con una banda pequeña. La realidad del cantautor es la intimidad. Ahí, quizá, se puede encontrar con el músico de electrónica que controla todo en su estudio y luego en vivo dispara pistas. Somos juglares modernos, en un mundo cultural que ha reconocido la importancia de la singularidad.

Hoy en día un montón de chicos giran con proyectos unipersonales, armado de una guitarra, un teclado, un computador o cualquier adminículo que la tecnología provea para poder funcionar artísticamente. Con una relativa libertad e expresión estos jóvenes valores se mueves de manera libre en busca de conectarse con el público, sin importar si es masivo o pequeño, En una bonita esencia estética que para mi manera personal de ver, es la música auténtica. Para todos ellos va dedicado el Nobel de Dylan.

¿Lo estético o lo político? Le pregunté a un grupo de artistas ayer. Todos dijeron que ambos se complementaban. La realidad no se puede ocultar, está ahí, palpitante, a la espera de ser narrada y si se puede tener una postura mejor. La política es más que un partido político, es nuestra manera de planear el mundo que nos espera, de saber qé nos importa como individuo y sociedad. Cuántos virtuosos no tienen nada que decir y cuántos pecadores lo han dicho todo. Para unos y otros va el Nobel de Dylan.

Los desterrados y parias casi siempre tuvieron vidas dulces y finales amargos. No todos caminaron al valhala del éxito y la armonía, como se entiende en nuestra sociedad. Siempre la pose ha sido una buena manera de disimular cuando no hay mucho que decir en el fondo. Las bandas llenaban estadios, eran los dioses del rock, pero surge la pregunta ¿dueños de qué rock? Del rock que se vende por docena y completa frases con estribillos pegajosos o de las verdaderas muestras de rebeldía, inconformidad y diferencia. Dylan es parte del sistema y a la vez es el artista de culto más importante de la historia, esa es la magia. Para los olvidados, sucios e incorrectos va dedicado el Nobel de Dylan.

Bob Dylan no es el artista más popular del mundo. Es un tipo dueño actualmente de un publico selecto y una vida más cercana al nirvana intelectual que a las barriadas que narró en sus canciones. A sus 75 años ha sido letrista, poeta, pintor, actor de cine, cantó en ‘We Are The World’ y se ha ganado premios Grammys y Oscar. Estuvo casado dos veces y uno de sus hijos tuvo una banda adolescente folk más bien malita. Dylan callado ha influido sobre los artistas que a mí me gustan, ha generado un movimiento underground alrededor del folk y ha demostrado que se pudo vivir y triunfar sin mover un dedo a favor de la comercialidad. Su actual comodidad es una bofetada a las nuevas maneras de ver la música y planearla como un negocio a mediano plazo y sus lacayos, no es que a Dylan no le guste la plata, simplemente la supo ganar sin comprometerse tanto públicamente. El Nobel revisa cosas muy puntuales, se hará algún lobby, habrá amigos y demás pero seguramente nadie ha sido más preponderante en la vida musical de Estados Unidos en el siglo XX.

No podía ser otro el primer rockero que se ganara un Nobel. 

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