FANTASEANDO CON LA MUERTE Y BOWIE

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

“Los grandes hombres no temen a la muerte, se preparan para ella”

Toda la vida he sido necrofílico. Siempre pienso en la muerte, en esos momentos terribles en los cuales la gente que quiero se va de este plano. Admito que no es bueno para el alma y muchas veces me deprime porque debo confesar que me aterra imaginar mi muerte. Hace poco dormía una siesta y repententinamente no podía respirar, sentí que me hundía en un hoyo negro que cada vez se hacía más grande y profundo. Con toda mi voluntad empecé a buscar oxigeno y cuando lo obtuve abrí los ojos y miré hacia mi ventana, el sol entraba fuerte y por un instante di las gracias por estar vivo. Alguna vez en medio de un campo antiguo sagrado había sentido la presencia de una entidad que relacioné la muerte y que con cariño entrañable me dijo que estuviera tranquilo, les puedo asegurar que se trataba de alguien que yo conocía. Fue una experiencia más allá de todo lo relajante que se puede sentir en la vida. Mi cuerpo duró destendido por días y sentí una paz que no recuerdo haber tenido jamás. Como decía alguien: “no le temo a la muerte, le temo a la morida”. Eso me pasa.

En estos días me preguntaba si en el otro lado hay wi fi. Debemos ser prácticos, es importante saber cómo vamos a pasar el rato en el otro lado. ¿Habrá que hacer filas en el banco? ¿Existiran lugares maravillosos para ir a conocer? ¿Existirán los bares y el coqueteo?. A lo mejor uno pueda chicas a su nube y enseñarles a tocar la lira y decirles que tiene una banda con unos ángeles. ¿Se perderá noción de toda esta materialidad? ¿Seremos como humitos sin forma y nos identificaremos por simplemente y llanamente lo que somos? Me surgen preguntas sobre el particular todo el tiempo.

Llego al tema más delicado: ¿Hay un VIP en el otro lado? Cuando me muera me voy a topar con Bowie, Lemmy, El Flaco, Hendrix. Yo quiero ver primero a mi abuelita Margarita, luego veré el resto. Creería que todos somos iguales y que nos veremos en algún momento. Mis creencias me dictan que el más allá tiene un tiempo diferente y su noción es diferente a la que manejamos acá en la tierra. Esperamos un momento para regresar o nos quedamos por la eternidad en una galaxia lejana. Quizá nos unimos a Dios o a la fuerza superior y somos una inteligencia colectiva como la de un panal de abejas.

El peor problema sería asumir que no hay nada después de morir, Se iría todo a la mierda. Me he sentido falto de fe desde hace un tiempo, incrédulo y abstraido del mundo espiritual. Sin embargo este palpita tan fuerte en el ambiente que me ha obligado a volver la mirada en algunas ocasiones y mi intuición se ha abierto como una esponja por instantes reconectándome.

Bowie era un tipo espiritual. Tuvo sus momentos en la masonería de una manera un tanto snob, siguiendo las enseñanzas de Crowley. Cuando se hizo mayor, cada vez se le vio más sosegado y seguro. Sus palabras iban menos al azar y más a la certeza del mensaje. Este amante del dinero va a romper record de ventas con el disco más anticomercial y artístico que ha hecho en su vida, mismo que grabó mientras se moría. Bowie siempre se salía con la suya, incluso a mediados de los 70s cuando estuvo en la bancarrota luego de ser estafado por su representante. Ni siquiera el abuso de drogas que lo llevó a hacer varios discos impecables sin darse cuenta. Bowie siempre se recuperó. Nunca fue tan sentimental, era un tipo de empuje y cuando se requirió fue un calculador hombrecillo inglés. Y a pesar de todo esto tuvo gran influencia en la cultura oriental, la cual le dio muchas pautas estéticas para su arte y seguramente la disciplina necesaria para ser David Bowie. El budismo fue su práctica desde hace mucho tiempo.

Antes nos pintaban en lo futuro como en un capítulo de ‘Los Supersónicos’. Carros voladores, teletransportación y grandes avances en la salud. Hoy en el año 2016 el planeta agoniza y así mismo todos estamos bajo la sombra del cáncer que nuestro propio sistema de vida ha creado. La muerte del futuro es el resultado de un ambiente miserable y no hay toques mágicos que nos prevengan. En vez de centros médicos inmensos propios de una sociedad evolucionada hacemos interminables filas en mugrosos garajes adaptados para funcionar como clínicas.

Soy aficionado a Bowie porque fue el primero en hacerme cuestionar. Me pregunté por mi sexualidad, por la belleza, por la capacidad de un artista en cambiar y hacer otras cosas. Me profundicé en él gracias a unos especiales que hizo Javeriana Estéreo hace como 20 años, grabé muchas canciones y aun puedo presumir de estos casetes. La muerte me presenta las mismas reflexiones, y aunque he jurado que soy inmortal por décadas y que algo va a suceder para que jamás fallezca sé que varios que quiero mucho me esperan por allá. Voy a seguir el ejemplo de David Bowie porque los grandes hombres no temen a la muerte, se preparan para ella.

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