LEMMY KILMISTER, NO TAN BUEN MUCHACHO DESPUÉS DE TODO

Por Manuel Estévez

@Sonoadicto

Foto tomada de summainferno.com
Foto tomada de summainferno.com

Hace poco entrevistaba al humorista colombiano Primo Rojas. Le dije que no me gustaba su trabajo hasta que vi un video en el cual lo echaban de un auditorio en una universidad de la costa y pensé que para generar esa reacción debía estar haciendo bien las cosas. El tipo me miró y se río, me contó que justo ese día había un reinado y que fue un tropel tremendo. Llegamos a una palabra muy bonita: ‘Inadecuado’. Esa tarde concluimos que si un artista no es inadecuado no está haciendo bien las cosas.

Hace unos años me enteré que mucho material del picante ‘El Show de Benny Hill’ había sido eliminado por ser considerado sexista, retrógrado e inadecuado. Era un programa humorístico británico basado en tipos manilargos correteando a mujeres en ropa interior que generaba carcajadas en el público en general. Esta censura no sucedió en el País del Sagrado Corazón sino en el evolucionado Reino Unido. Desde ahí mi percepción del mundo es como el de un curioso oscurantismo en el cual vivimos entre el ‘morronguismo’ y una liberalidad simpática. Tendencias y estilos de vida han dado una supuesta superioridad moral a quienes las practican, llevando a satanizar prácticas anteriores a que las mismas estuvieran de moda. Vivimos entre la completa libertad y mil ataduras.

No tengo nada en contra de una sociedad más equitativa en género, ni de desmantelar estructuras sociales arcaicas y desfasadas, tampoco quiero entrar en una polémica con nadie al respecto. Lo cierto es que Lemmy era un modelo totalmente inadecuado a estos tiempos de rock stars como Justins y Skirellexs. El rock es cada vez más pacato. Como decía el fallecido comediante Bill Hicks, se jodió cuando los artistas empezaron a hacer campañas contra la droga y la sociedad empezó a negar cualquier bondad en un acto realizado bajo la influencia de los alucinógenos.

Ser machista, promiscuo, alcohólico, drogadicto y ordinario está supuestamente mal visto para un vallenatero, pero para algunos es correcto en el contexto del rock. Esos costeños son abominados por el rockero sin ver la fuerte relación existente entre los dos géneros y sus supuestos estilos de vida. Total hoy en día djs, reggaetoneros y cumbieros se pelean por ser el gremio más punkero. Lemmy se portaba como todo un anti héroe en una sociedad que admiraba sus hazañas etílicas y sexuales porque en el fondo se sentía incapaz de imitarlas, quizá tímidamente y al escondido podría hacer tibias representaciones. Es incorrecto vanagloriarse de haberse acostado con 1000 mujeres y haber sido jíbaro para Jimi Hendrix, el inicio del buen Kilmister en la música fue como asistente y roadie de artistas a quienes además les suministraba drogas.

Reclamo a Lemmy como miembro absoluto del club del verdadero rock, un género que aunque no lo acepten va en decadencia en el ámbito comercial. Los grandes grupos de rock no están en las tarimas de los estadios de la gente con camisetas de Ramones, el whisky de Tennessee y Motörhead, haciendo cuernitos y sacando la lengua, mientras cantan cosas que en nada afectan significativamente su vida y al día siguiente no importan. El rock que yo conocí es un estilo de vida, seguramente suena a que debe haber muchos Lemmys en Kennedy y Soacha, y puede ser. Pero aun es más que eso. Es la inconformidad natural, el reproche al mundo, el ser auténtico ante todo, el transmitir inclusive si no se es un gran músico (Si se da el feliz caso de un genio musical que transmite tenemos a alguien como Zappa) y compartir con quienes se hallan al margen de la sociedad.

Lemmy se muere y se lleva sus vicios y mañas, sus mil polvos certificados, su ludopatía, sus papás fritas con pescado, su legendario aguante sobre el escenario, sus borracheras, su gusto por los Beatles, Elvis, Little Richard y todos a quienes genuinamente consideró sus ídolos desde los 20 años hasta el día de su muerte. Seguramente lo ovacionarán en los Grammy y él se va a cagar de la risa donde esté porque a diferencia de muchos creo que siempre le importó un carajo, fue músico de una manera tan natural como podría haber sido carpintero y como le sonó la flauta lo hizo toda su vida. No sé cómo estarían sus finanzas pero pensemos que los miembros de la banda rock más importante de Estados Unidos, ya fallecidos casi todos y que tenían el mismo apellido, murieron con modestos capitales, de esa estirpe era el buen Lemmy (espero haya sido menos malo para los negocios). Motörhead anuncia su separación, seguramente al igual que Ramones, los dueños del marketing seguirán sacando camisetas y cosas para exprimir al personaje. Dave Grohl llamará a un concierto tributo benéfico y Justin Bieber dirá que fue su máxima influencia. Ojalá al menos cierren la redes sociales, cada vez que veo un mensaje de los Ramones me da escalofrío.

Lemmy era una mala influencia, la peor de todas. Rockero psicodélico, punkero irremediable, bajista de sonido distorsionado, cantante ronco y adusto. Un galán rudo, bebedor y grosero y a la vez sensible, músico, trabajador, con límites propios, tolerante a la diferencia, un tipo de los de antes. Que dicha haber compartido oxígeno con este inadecuado por un tiempo en este contradictorio mundo.

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