Días de radio y gratitudes personales

On Air. Foto aestheticamagazine
On Air. Foto aestheticamagazine

Por Manuel Estévez

Desde mi adolescencia me interesé profundamente en investigar sobre la música, su entorno y protagonistas. Me aprendí de memoria muchas cosas pero las dosificaba con la gente por no pasar por un Nerd. Ya desde muy joven era asiduo a llamar a la emisoras a opinar, por alguna razón le caía bien a los locutores y no me cortaban. Quienes me conocen saben que tartamudeo, curiosamente frente al micrófono no me pasa tanto. Una vez escuché a un profesor de la Academia Arco diciendo en televisión que la radio no era para tartamudos.

Entré a la universidad y grabábamos los programas de radio en el estudio de la Emisora de la Tadeo bajo la supervisión del maestro Gabriel Muñoz López y Óscar Cabal en el control máster. Luego de graduarme me dediqué a la docencia musical, esta me obligó a empezar a estudiar música. Ya tenía conocimientos a partir de clases particulares pero requería saber más. Me matriculé en La Academia de Artes Guerrero para unos cursos libres de guitarra, los cuales tenían tres materias: solfeo, instrumento e historia de la música.

No fui un estudiante aplicado con el programa musical. Sin embargo, la clase de historia me abrió una perspectiva importante. Me hizo dejar de sentir pereza por el blues y el jazz, comprender que eran la base de lo que me gustaba, conocer el contexto histórico y poder entender la complejas relaciones de los géneros. El maestro nos presentaba películas en la BLAA, nos leía poesía beat y nos narraba de manera resumida las vidas de estos artistas como en un cuento de realismo mágico. Durante los siguientes años me esforcé, tanto en mis clases privadas de música como en las universitarias de producción de radio, por transmitir estos conocimientos. No se puede hacer música o musicalizar radio sin conocer el origen de la materia prima.

Hasta el día de hoy he colaborado en distintas emisoras. Tuve un programa radial semanal llamado ‘Alta Fidelidad’ en Cortesía de la casa donde pude desde llorar hasta mamarle gallo al mundo, siempre tratando de programar música de todo tipo y sembrar este legado.  Hoy quiero hacer dos homenajes particulares. El primero a la radio en su día. Un medio maravilloso que nos exige diseñar paisajes sonoros para contarle algo al oyente. Creo que la radio es expresión e imaginación y personalmente me deja inmensas satisfacciones. Gracias radio, me has dado mucho. El segundo, y no menos importante, a aquel profesor que me enseñó que lo que sabía valía la pena ser transmitido. Un hombre de radio que desde sus espacios difundió el jazz y el blues. Un músico que no sé de qué manera pasó del metal al blues. Escritor y poeta. Gracias Rafael Serrano por darme tanto y espero estés muy bien en el lugar que te encuentres. Siempre estaré agradecido contigo.

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