La silla de plástico, un objeto democrático e invasor

Por Manuel Estévez

Fotografías cortesía de Luis Carlos Tovar

Luis Carlos Tovar es un artista visual colombiano que viene desde hace varios años trabajando artísticamente la silla ‘Rimax’ como un objeto inherente a todas las clases sociales y modelo de transculturización. Ha fotografiado y reseñado sillas utilizadas e intervenidas por sus propietarios en distintos lugares y de paso se ha adentrado en el contexto social, político y ambiental de estos sitios. El próximo 13 de diciembre inaugura en el museo de la Universidad del Magdalena, en Santa Marta, su exposición ‘Auto-geografías’. Amablemente atendió al equipo de Revista Sono.

A mi manera de ver el arte colombiano convierte lo popular en Kitsch ¿Qué opina usted al respecto?

Es una forma de aproximarse a lo cotidiano. En mi trabajo no es mostrar el objeto sino lo que está detrás y el contexto que lo rodea, muchas veces ni siquiera ve individuos. Andy Warhol se acercó a lo popular, y más allá de Marilyn Monroe y demás trabajos, convirtió a la sopa Campbell en un ícono en la historia del arte. El valor del objeto en el arte lo da el artista con su mirada.

¿Por qué escogió la silla ‘Rimax’?

Mi aproximación a la silla ‘Rimax’ vienes desde dos puntos de vista: la democracia, todos nos tenemos que sentar. Antes había trabajado el pupitre, es pensar en la sociedad y la historia del arte. La iglesia o los monarcas sin trono son impensables. En Francia, cada tipo de silla representa ideales sociales, políticos y económicos distintos. Representa además una ruptura en la modernidad y la consciencia de la estética, la ‘Rimax’ ha desplazado al trabajo del artesano y el inmobiliario regional y autóctono está desapareciendo. Muchos fotógrafos se aterran cuando van Barichara y cuando van a retratar a una viejita de 102 años sale este objeto extraño que no tiene nada que ver con el contexto.

¿Ha tenido algún inconveniente por presentar su trabajo basado en una marca comercial?

‘Rimax’ se ha convertido en un nombre genérico. Existen más de 12 marcas de silla plásticas pero ellos fueron los precursores en los años 70´s. Es una patente vencida. En la costa representa la calidad de una silla. El año pasado hice un video e incluí el comercial en que un tipo empieza a golpear la silla.

¿Cómo fue la curaduría para esta exposición?

La curadora se llama Lucía Arango, lleva 14 años viviendo en Francia, estaba buscando una persona que tuviera esa distancia para tener una mirada nueva de la costa. Es una exposición sobre el paisaje y la afectación estética de este objeto, pero sin querer he ido registrando nuevos problemas. Todas las sillas están de espaldas al mar, como se ha construido la costa, de cada locación llevo un registro, hago una huella y tomo un puñado de arena.

¿Las sillas son usadas por la gente de cada lugar?

Si. Yo no llevo la silla y eso es lo interesante, voy a cualquier sitio y ahí está el objeto. Han sido intervenidas por sus propietarios. Cada silla es que fotografiamos es donada y llevada al museo.

¿Cuál es su punto de vista sobre hacer arte en Colombia?

El arte visual tiene su metodología y su campo. Yo no me dedico únicamente a esto, también hago fotografía e ilustración editorial para libros de poesía, aunque más de la mitad de mi tiempo la dedico a generar obra y por trabajar este objeto me he visto obligado a salir de la ciudad. Hacer arte es difícil, pero como decía Tarkovski “los artistas o pueden crear en el vacío ni en condiciones ideales”, no siempre hay las herramientas o el tiempo.

¿Qué diferencias ha encontrado entre la curaduría nacional y la que se ha encontrado en otros países?

Encuentro que en muchos casos la curaduría en Colombia es muy plana, es decir el encuentro con el artista es limitado. Creo que el curador colombiano es muy joven y algunas veces artista; cuando se es un artista con madurez puede lograr grandes curadurías.

¿Cómo ve la crítica del arte en Colombia?

Es muy activa, creo que en su mejor momento. Yo vi todo el desarrollo en los andes de Esfera pública. Desafortunadamente en los medios masivos acabaron con la crítica y nos encasillan dentro de los deportes o el entretenimiento, es un absurdo. Uno iba a sacar un RUT y hasta el año pasado no existía la figura de artista visual. El Estado no ha tenido el rigor de darle el espacio a los artistas visuales que somos muchos ahora. Es importante que tengamos un espacio político, el debate que se dio con Nadim Ospina en el sentido que el Salón Nacional no debe ser internacional, no estoy de acuerdo con eso, debe ser para los colombianos; está bien que se abra una ventana pero debe ser a través de otros espacios.

¿Cómo recibe la población su trabajo?

Inicialmente piensan que estoy loco. A través de las sillas ‘Rimax’ he logrado un poco mostrar esa modernidad que no existe y que implica un cuestionamiento de identidad en el cual se encuentra Colombia.

¿Cómo invitaría al público a ver su obra?

La idea es que la exposición sea itinerante, en este momento no puedo decir en qué otros museos se va a exhibir. Es un proyecto donde se rescata la geografía colombiana y me obliga a recorrer el territorio. Invito a los artistas a que no hagan su trabajo oyendo la radio o leyendo el periódico, hay que tener las miradas de otros. El turista llega como un terrateniente a exigir pero no conoce la playa en temporada baja, sus personajes,  ni las problemáticas sociales. Yo he llevado un muestreo y en 5 años he detectado problemas como la afectación de la explotación del carbón.

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