Más de mil jueves en la Plaza de Mayo

Por Manuel Estévez

Fotografía cortesía Idartes.
Fotografía cortesía Idartes.

El viernes pasado asistí a la obra de teatro italiana Más de mil Jueves en el Teatro Jorge Eliecer Gaitán, un monólogo protagonizado por Annapaola Bardeloni y dirigida por Renzo Sicco. Una adaptación de la obra La Irregolari de Massimo Carloto. Un recordatorio a lo acontecido durante la dictadura militar argentina de los años setentas. Varios días después sigo consternado y reflexivo por lo que vi.

La luz se apaga y en medio de la oscuridad se oye de la voz de Bono, cantante de U2, en una profunda reflexión sobre los desaparecidos durante la dictadura militar de Videla y los sentimientos de impotencia de los seres queridos de estas personas. Luego aparece Bardeloni, impecable dueña del espacio. Representa a una madre de una chica desaparecida. La verdad, las representa a todas. Se intercalan audios de testimonios reales con la representación actoral. La obra se convierte en un reflexivo y dantesco documento con descripciones de torturas, campos de concentración ilegales, abuso del poder, violaciones de los derechos humanos y quizá lo má horrible, la indiferencia del mundo ante estas atrocidades.

El jueves fue el día escogido por estas madres y abuelas para iniciar su silenciosa marcha por la Plaza de Mayo en Buenos Aires. Portaban una foto de su desaparecido y un pañal de tela en la cabeza. Empezaron alrededor de una decena y fueron creciendo hasta llegar a ser cientos. Eran llamadas locas, pero poco a poco lograron llamar la atención del mundo. Durante el mundial del 78 la televisión holandesa no transmitió el fútbol sino las marchas de esta organización.

Esta menciona personajes auténticos como a Azucena Villaflor, una de las fundadoras y al militar Alfredo Astiz, su asesino, conocido como ‘El Ángel de la muerte’. Actualmente, la gran parte de estos casos se hayan impunes y las madres continúan su labor como una  organización política pero a la cual no le interesan los cargos públicos.

Según lo que vi y leí hay más de 30.000 desaparecidos estimados en este periodo de la historia argentina. Era un crimen ser joven, no vestirse formalmente o hablar más de la cuenta. El uso de la palabra terrorista, incluía a cualquiera mayor de 10 años. Aun hoy sigue siendo algo complicado y digno de revisión.

Es un montaje teatral que no da respiro en sus denuncias. Está bien actuado y seguramente hace reflexionar al público asistente. Me había sentido un poco desilusionado recientemente del papel del artista en la transformación social. Luego de ver esta obra estoy convencido que una propuesta de esta calidad y trasfondo puede ser vehículo de denuncia y recordatorio de cosas que ojalá nunca sucedieran.

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