No me digas cosas tiernas, no me hables más de amor

Por Manuel Estévez

Portada del disco Hablame de Horror. Fotografía Facebook.com.

Por estos días he reseñado el vigésimo aniversario de varios discos que fueron importantes para mi generación, todos cercanos por lo que significaron pero lejanos geográficamente. El pasado viernes asistimos al concierto de celebración por los 20 años de Háblame de Horror, primer disco oficial de la banda bogotana 1280 Almas. El evento se realizó en el bar Asilo y contó con el acto de apertura de Nanook, el último esquimal, interesante agrupación bogotana que presentaron recientemente su disco Un Esquimal en el Tawantinsuyu.

Háblame de horror, mostró una agrupación alternativa, de esas que saltaban entre géneros como el rock, el punk, la ranchera y la salsa. Esa falta de formato atrajo a mucha gente que se identificaba con las canciones y letras inteligentes y provocadoras. En 1993 se lanzó su casete Háblame de horror por el sello Hormigaloca. Yo recuerdo haber conocido a la banda por unos amigos que los fueron a ver a la Universidad Nacional, no podían definir la música pero cantaban “Voy a presentarte a mi amigos de Marte…” línea de la canción Los Planetas, publicada en su segundo disco Aquí vamos otra vez”.

El disco abría con Soledad criminal, gran himno de los años noventa en Bogotá y que luego sería reeditado en Aquí vamos otra vez con más fuerza. Luego seguía Monstruos, una oscura canción sobre el elitismo y el desconocimiento del mundo real por parte de la gente “linda”. Casualmente grabé estas dos canciones del programa de Andrés Durán y las escuché con fervor por muchos años. La versión ska de la canción Sabré olvidar de la agrupación salsera TNT, continuaba el viaje. Sigue su “cover” le la ronda infantil Los Elefantes. Luego su ranchera punk Deja de llorar, nos remitía a una rockola en un alto estado de alicoramiento y despecho. Seguida por una de mis favoritas Los Perros, una canción con todo el sentido urbano de la época “¿A Dónde van? ¿a dónde van? Los Perros …”. Posteriormente una visión a la violenta realidad colombiana de ese entonces se toma el ambiente con la canción que da nombre al disco y La Invasión. El Rock es el último refugio para un oscuro devenir se plasma en Negro Rock & Roll. Continúan con el potente Rap de Lo que puedas desear “Hay que luchar por el control…”.El disco se cierra con la versión traducida a la idiosincrasia colombiana de Sympathy For The Devil de los Rolling Stones, un homenaje a la fusión latina de esta canción hecha, recuerdo un comentario del bajista Juan Carlos Rojas en que reseñaba como los Stones notaron que era el momento de acercarse a este género tras el éxito de Santana.

Las Almas se dan gusto de ser una de las bandas con más convocatoria y tener un público fiel. En general fue un evento donde predominaba la gente cercana a los 30 años, aquellos que vivimos ese momento a principio de los noventa en que no había tanta técnica ni producción como ahora pero sentíamos pasión por cada nota que nuestras bandas tocaban en los conciertos cada fin de semana. Nos correspondió presenciar un viaje en el tiempo a épocas muy distintas, a través de canciones que nos impactaron de adolescentes y que perviven en nuestra memoria.

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