Lo que vimos en Colombia al parque 2013

Por Manuel Estevez

Fotografías. Gina Navarro.

Colombia al parque 2013 fue un evento exitoso desde su carácter incluyente y amplio. Muy diferente a la edición del año pasado, que, según supe por varios artistas, saltó de un escenario a otro de forma desordenada y se realizó finalmente en diciembre. Hubo buena música y una gastronomía popular que degusté hasta la saciedad y que si hago una lista seguro les da indigestión. Además, un festival que según me comentaron costo una cifra cercana al 10% de lo que vale un Rock al parque. El equipo Sono asistió a algunas de las presentaciones y esto fue lo que se vió este año.

Enepei.

Una banda de rock pisó el festival por primera vez con una propuesta enfocada a aires autóctonos. Se destacó la participación de Wilson Monroy, miembro de los legendarios Hermanos Monroy y padre de uno de sus integrantes.

Mayelé.

Sonido llanero fresco y fusionado que rompe esquemas con la inclusión de una cuatrista y una arpista, en un espacio dicho por ellos mismo “poco común”.

Jipijam y Raspacanilla.

Una papayera acompañada de bailarines y con mucho histrionismo. No sé si por no amplificar individualmente su sonido no se sintió tan potente, pero su puesta en escena resultó impecable y muy colorida.

Orange Hill.

La música de San Andrés es más que Reggae. Banda tradicional de Calypso con más de 50 años de historia, curiosamente han hecho giras por muchas ciudades del interior pero nunca había visitado Bogotá.

Carmelo Torres.

Qué decir de un acordeonero con más de 40 años de carrera. Muy digno de ver y apreciar para comprender la esencia natural y raíces del vallenato actual.

Los Hijos del viejo Migue.

Muy buenos músicos pero una agrupación para otro tipo de tarima mucho más comercial.

Diblo Dibala.

Uno de los pioneros del Zuokus en el Congo. Excelente guitarrista y una persona muy amable. Todo un honor haber presenciado esta propuesta de tan lejanas tierras.

La Pulpafonic.

Un concepto muy interesante este de manejar sus sonidos mediante la tecnología aplicada a las frutas. Está la base para un gran proyecto, hay que corregir algunas cosas, pero nada que sea imposible.

La Phonoclórica.

Estupenda agrupación que navega entre la nostalgia de la música tropical y la fusión. Los sentí un poco menos potentes que en el festival Centro, pero igual una de las mejores agrupaciones que piso la tarima del parque de los novios.

Los Patuma.

Reconocida agrupación de música colombiana andina. Una revisión a  los grandes clásicos de nuestro legado romántico. Exitoso entre el público pero sin una propuesta novedosa dentro del género.

Los Filipichines.

Todo el humor y el ritmo de Boyacá en esta agrupación de música carrilera. Homenajes al ciclismo y su departamento que hicieron bailar a los asistentes al festival.

Es preocupante la falta de cubrimiento de un festival tan carísmatico por parte de muchos medios que perfectamente podrían incluirlo en su agenda. Creo que la afluencia de público fue buena, se vio el naciente interés de la juventud por estos aires y se confirmó que un festival al parque es un encuentro popular, donde la cultura puede dar una cara amable y estar al alcance de todo mundo.

Supongo que la persona que plagió mi artículo de Rock al parque no se interesará por estas manifestaciones, así que me quedo tranquilo.

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