los 45 minutos de fama

Por Manuel Estévez

Rock Al Parque 2012. Fotografía. Gina Navarro.
Rock Al Parque 2012. Fotografía Gina Navarro.

Nota editorial sobre Rock al parque

Recuerdo la primera vez que escuché hablar de la iniciativa de realizar Rock al parque. Mi sensación fue emoción y nervios por cuestionarme cómo sería tocar en un espacio atiborrado de gente. Mi experiencia como músico era la de tocar ante 200 personas en bares locales. Bogotá hervía de rock alternativo, había varias bandas por las cuales pagábamos por ver entre $2000 y $5000. Sabíamos sus letras, conocíamos a sus integrantes y vivíamos en un idilio con su música. Recuerdo la aparición del programa Cuatro Canales y como este fue una alternativa tangible para todos aquellos que estábamos cercanos a la música. De la mano de la entonces Frecuencia joven de la Radiodifusora nacional, hoy Radionica, crecimos como escena y obtuvimos respaldo desde lo estatal. Fue un momento muy importante para nuestra cultura, durante el cual se desarrollaron proyectos interesantes y del cual quedaron recuerdos inolvidables.

Rock al parque ha crecido como un gigante para Latinoamérica. Pasó de ser una iniciativa underground a un festival importante para la gente de afuera y un anhelado premio para nuestros artistas. Por ejemplo, los miembros de Austin TV reconocen un antes y un después de su participación. La prensa extranjera y los festivales del área han buscado la forma de acercarse logrando canjes importantes. El problema de todo esto es que el público no estaba listo para que el festival se dimensionara de esta manera y desde hace unos años se queja con vehemencia por considerar que se ha agotado su espacio y el de sus artistas en el evento.

Creo que debemos superar paradigmas. El rock ha evolucionado en el mundo. Partamos desde la lógica de cuál es el fin de festival. Rock al parque fue diseñado como un medio de promoción para la escena local que se complementaba con algunos artistas extranjeros para que apoyaran y atrajeran más público. No es el festival de Coachella o Glastonbury. No tiene ni un tercio de los recursos que estos poseen. Es un festival gratuito y público. Así que pedir un cartel millonario es imposible. Para hacer esto tendría que ser entregado a la industria privada y cobrar las entradas, como se hace en todo el mundo.

Otro aspecto importante es la pasión que genera. Fenómeno citado por artistas como Andrés Gualdrón de Los Animales Blancos o Mario Lozano de Cuatro Espantos. Pero es un apasionamiento a veces ingenuo que pide a Metallica o a Green Day y desconoce el fin primario del festival. Lamentablemente, no es el mismo entusiasmo que vive la escena local durante el resto del año. Nos falta criterio como público para exigir bandas locales y desconocemos completamente cómo se maneja el festival, cuánto vale hacerlo y cuáles son sus posibilidades. En palabras de Mario Lozano, se sobredimensiona.

Cristian Martínez, baterista de la banda Sacred Goat, es claro en afirmar que no es importante si las bandas tocan o no rock tradicional. Es importante ver el nivel musical que han alcanzado y el despliegue técnico que posee un festival de esta envergadura. Juan Fernando Cortés, guitarrista de Vértigo, presenta al rock como la forma musical más libre y que más variantes ha tenido a lo largo de su historia desde su origen como música afro. El periodista Chucky García nos llama a superar esas barreras y evolucionar en su colaboración para la revista Music Machine. El rock no se puede quedar quieto. Bomba Estéreo ha compartido tarima con Nine Inch Nails en eventos internacionales y nadie se ha quejado.

El festival ha tenido, en mi concepto, problemas en su organización y eso no se puede negar. La escogencia de las agrupaciones para la polémica gira por México, la reiteración de artistas y la falta de información que muchos medios de comunicación masivos tienen sobre el festival (esto último citado por un colega en una charla informal), son factores que han hecho que las personas duden de la organización. También debemos entender Rock al parque como un evento político que tiene su punto más alto durante el concierto de cierre donde primó en ocasiones lo “ultrapopular”, contra lo vigente o artístico, como con Fito Paéz o Andrés Calamaro.

Con errores y aciertos. El Festival es nuestro. Es patrimonio cultural de la ciudad. Yo invitaría a la gente a que se acerque más a la escena local para poder tener un criterio suficiente, para así mismo acercarse al festival. Podemos ser participativos todo el año. Apoyar a los artistas y asegurar que vamos a ver lo que realmente queremos. Un artista local toca 45 minutos una vez al año en Rock al parque; seguramente lo hace muchas veces más y ahí es cuando se debe sentir el apoyo de quienes se identifican con su música. Escuchemos, aprendamos, tengamos argumentos para decir qué nos gusta y qué no. No veamos un concierto como una obligación de pagar para “ayudar” a un amigo, veamos la oportunidad de conocer artistas nuevos. La música hoy en día vive de los conciertos, no de las redes sociales. La evolución es normal en un género tan popular y podemos aceptarla o no, pero debemos tener poder decisorio y apropiarnos de lo que realmente nos pertenece de la manera adecuada. Aprovechemos nuestro momento histórico como ciudadanos.

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Un comentario

  1. S,I el festival es nuestro, alguien que me diga cuanto es el presupuesto que recibe la organizacion de rock al parque para realizar este evento. Gracias

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