Inexpresividad beatnik

Por Manuel Estévez

Ginger y Rosa. Fotografía tomada de http://images6.fanpop.com/
Ginger y Rosa. Fotografía tomada de http://images6.fanpop.com/

El movimiento Beatnik tenía como fortín el barrio Greenwich Village en Nueva York y Jack Kerouac o Allen Ginsberg fueron escritores sus icónicos inspirados en generosas dosis de alucinógenos, música jazz y posteriormente Free Jazz para desarrollar sus textos. Fue el inicio de los performances interdisciplinarios y de algunos actos indisciplinados que no vienen al caso. Además pieza fundamental y angular para el rock alternativo, el folk y toda la música que bellamente relata la crueldad de las calles y el contraste de la realidad y los sueños (Bob Dylan, Lou Reed, Patti Smith, entre otros). En Colombia tuvimos en el Nadaísmo nuestro propio movimiento cultural literario por esas mismas épocas. Gonzalo Arango y compañía no escribían de nada pero aun así llegaron a ser considerados lectura de cabecera para nuestros hippies criollos.

La experimentada directora, guionista y compositora Sally Potter nos presenta Ginger & Rosa su más reciente película. Es una historia que no habla de nada (nadaista) pero enmarcada en los convulsionados años setenta y el espíritu antibélico que corroía las mentes de los jóvenes por esos tiempos (beatnik). Es una mezcla de cosas que aparentemente no dicen nada y cuando pretende decirlas ya es tarde. El punto áureo de la película llega demasiado tarde y no es convincente dejando al espectador con las ganas de entenderla.

Es una película que sobrevive por la belleza de sus actrices (Elle Fanning, Christina Hendrics y Alice Englert). Elle sin duda es una actriz mucho más capaz que Dakota su hermana mayor. Es una película con una cinematografía delicada por pasajes que recuerdan a las elaboradas cinematografías de los comerciales de perfumes. La canción Living On A Wire de Nitin Sawhney con su melancólico piano en tonalidad menor da un perfecto ambiente para la historia.

Creo que Ginger & Rosa adolece de poder y por más lánguida que una historia sea debe tener repartidas las cargas. Es claro que era la intención de su directora, pero seguramente a mí como a muchos espectadores nos falta hallar un final y un momento climático en las obras que vemos. Para la muestra el impresionante final de Dogville de Lars Von Trier que justifica las tres horas en que  la historia se hace densa y verdaderamente cruel. Esta es mi opinión de Ginger & Rosa, igual véanla y hagan una propia opinión, quizá encuentren cosas que yo no.

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