Contando historias cotidianas

Por Gina Navarro

Lisandro Duque. Fotografía Gina Navarro
Lisandro Duque. Fotografía Gina Navarro

Lisandro Duque es un reconocido cineasta colombiano recordado por películas como Milagro en Roma, Los niños invisibles y más recientemente Los Actores del conflicto. Su carrera se complementa con su experiencia como profesor y columnista. De manera muy amable conversó con Revista Cultural Sono en el marco del lanzamiento del Festival Binacional de Cine: Colombia Venezuela.

Revista Cultural Sono ¿Qué piensa del entorno del cine nacional actual?

Lisandro Duque El lenguaje cinematográfico está sufriendo una crisis de crecimiento a nivel mundial muy seria. El desarrollo de la tecnología digital ha masificado la producción. Colombia es un país que hasta hace 15 años hacia alrededor de un largometraje por año y mucha gente sentía gran curiosidad por ir a verlo.  Hoy en día un muchacho tiene Final Cut para editar en su casa, en este momento no hay una coherencia entre las posibilidades de producir y el talento que requiere una buena historia o una puesta en escena. Agreguemos que el cine se ha vuelto costoso, hace 15 años una entrada costaba 70 centavos de dólar y hoy vale 6 o 7 dólares y ese no es el único gasto al ir al cine, hay que pensar en la comida. Siempre en la historia del arte ha habido estos vacíos en que se popularizan las posibilidades de producción pero no se colectivizan las posibilidades intelectuales de acceder a esos lenguajes.

Revista Cultural Sono ¿Usted considera que ya podemos hablar de una identidad del cine colombiano?

Lisandro Duque La identidad no es un valor absoluto o rotundo, depende de una cantidad de componentes. Uno reconoce una película colombiana al verla por el lenguaje, el paisaje, la forma de hablar, los elementos temáticos y el escenario físico. El elemento de identidad debe aportar valores más complejos, pero felizmente una película colombiana es perfectamente reconocible.

Revista Cultural Sono ¿Qué le recomienda a los realizadores jóvenes?

Lisandro Duque A los jóvenes cineastas y artistas de cualquier lenguaje lo que menos les interesa es la experiencia de la gente de la generación anterior y creo que hacen bien. Ellos quieren hacer sus cosas y contar sus propios conflictos. Sin embargo hay una constante universal que podría recomendar una persona del doble o de la mitad de mi edad para todo creador: hay que estar atento al movimiento de su propia cultura. Yo lo sintetizo en una respuesta de de István Szabó, un cineasta húngaro que admiro mucho, a unos estudiantes de San Antonio de los Baños que le preguntaban qué tipo de cine hacer esperando el mensaje del profeta o del elegido y él les respondió “cuenten la historia de su pueblo”. Pero ojo, no estaba hablando como una noción política sino territorial. Lean Los Buddenbrook de Thomas Mann para que se apasionen de temas tan sencillos como es la historia de esta familia. No se trata de hablar históricamente del pueblo, hay que empezar a dejar de contar historias cinematográficas y contar la vida cotidiana. Seguro van a encontrar una gran audiencia.

Lisandro Duque ¿En qué radica la importancia de esta unión entre el cine venezolano y colombiano?

Revista Cultural Sono No sólo entre el cine venezolano y colombiano. A toda cinematografía le sirve nutrirse de la de otro país. Estamos hablando además de dos países hermanos y quiero exonerar la palabra hermanos de la retorica que usan los políticos. Son países cercanos pero muy distintos. Son culturas destinadas y obligadas, cada vez más, a conocerse por sus singularidades.

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